Son pocos los datos conocidos de estos colgantes, pero según cuentas algunas leyendas podrían haber tenido el poder de devolver a la vida, ya que estaba vinculado estrechamente al dios Khepri (Él Que Viene a la Existencia).
Este amuleto de valor incalculable podría haber sido creado a partir de la corona del faraón Akhenaton, regalo que hizo a una de sus escuelas de misterio. Pero los miembros actuales de esta orden niegan cualquier relación con ellos.
En principio se han encontrado 80 de estos colgantes, aunque todos pertenecientes a grandes familias desde hace siglos.
Apretaba el colgante con tanta fuerza que me hacia daño. Si lo que decían las leyendas era verdad, podría resucitar a la chica y es que ella era la única que podría explicarme porque había sucedido todo aquello. Negué con la cabeza, si lo que decían aquellas leyendas fuera sido cierto ella no estaría muerta. Me levante, había pasado toda la tarde sentada en el ordenador absorbida por el misterio que se alzaba ante mi. Me acerque a la ventana, el cielo estaba oscuro y la lluvia golpeteaba los cristales con fuerza, La única fuente de luz procedía del ordenador aun encendido y de los rayos que iluminaban los tejados de las oscuras casas. Cerre las cortinas de golpe, tenia que reflexionar pero no me apetecía rememorar lo que había ocurrido hacia cuatro noches, aunque tampoco podía olvidarlo. Distraje mi mente observando el extraño amuleto, ahora identifique el extraño símbolo, era una cruz enredada entre rosas y espinas. Enfadada lo arroje contra la pared. Estaba nerviosa, sin saber muy bien que hacer, comencé a dar vueltas por mi habitación, ahora tendría que buscar una explicación para haber faltado durante toda la semana al instituto. Encendí las luces de mi cuarto y volví al ordenador y empece a escribirle un e-mail a Ely.
Tranquilizate, estoy bien, o al menos viva aun. (poco me ha faltado) XD
He estado enferma, y apenas podía levantarme de la cama, no creía que te fueses a preocupar tanto, por eso no te llame.
Por otra parte estoy segura de que me acusaras de no escuchar tus mensajes, pero el teléfono ha estado sin linea durante toda la semana y tus mensajes no han llegado hasta ahora.
Bueno te dejo que después de estar cuatro días enferma la casa esta echa un asco y mis padres vuelven mañana.
Nos vemos, y no te preocupes mas.
Había mentido bastante y las excusas eran muy pobres pero mi mente estaba en otra parte, sin pensarlo mas le di a enviar. Al levantarme de la silla me sentí mareada, intente avanzar unos pasos, pero todo se volvió negro a mi alrededor y note como caía al suelo antes de perder el conocimiento.
Desperté con un olor extraño, no lo reconocía, lo único que sentía es que algo no iba bien, en la habitación se sentía un frío inusual y era imposible ver nada. Aun mareada y con ganas de vomitar, intente incorporarme, pero una mano me detuvo.
Levante la vista, cada vez estaba mas confusa, acaso ¿estaba soñando?. Julie estaba arrodillada a mi lado obligandome a quedarme acostada en el suelo. Julie, ese era su nombre, como podía haberlo olvidado. No espere a que me diera una explicación, no pude aguantar y le pregunte.
- ¿que haces aquí?, tu estas muerta- dije en una voz apenas audible, entonces otra duda me asalto- ¿yo también lo estoy?
Julie sonrío y me ofreció su mano, permanecí quieta, observando su cara, de nuevo parecía feliz. Lentamente extendí la mano temblorosa y le toque. Respire hondo y ella soltó una carcajada.
- ¿pensabas que iba a desaparecer?-pregunto divertida. asentí con la cabeza, no muy segura de que mi voz pudiese pronunciar palabra alguna. Aparto su mano y me dejo incorporarme lo suficiente para poder sentarme. Me miro seriamente y eso me asusto.
Se levanto y se dirigió al otro lado de la habitación, se agacho y cogió algo del suelo, aunque no lo vi puede adivinar que se trataba del amuleto. Tan rápido como se había alejado volvió junto a mi y me tendió su mano, la observe, estaba ofreciendome de nuevo el colgante.
- no, es tuyo - exclame extrañada- creía que habías vuelto a por el.
- no- negó con la cabeza, y en su mirada se reflejaba una profunda tristeza. trago saliva antes de continuar hablando- yo ya no pertenezco al mismo mundo que tu, no puedo llevarlo conmigo ahora te pertenece.
Al principio no comprendí lo que quería decirme, hasta que me obligo a cogerlo. Ella estaba muerta la había visto morir hacia cuatro noches, pero entonces que hacia allí. Yo nunca había creído en historias de fantasmas pero ahora estaba viviendo una. Ella vio la pregunta en mis ojos.
-si, estoy muerta, o al menos lo estoy físicamente- me explico con calma, mientras buscaba la forma de expresarse mejor- has estado buscando información del khalid ¿no?
De nuevo afirme con la cabeza dispuesta a no perderme ni una sola de sus palabras.
-La noche en que me asesinaron estaba en medio de una misión -dijo rápidamente como si no quisiese recordar aquello- tenia que acabar con el apsidio, con aquel ser que viste - me explico al ver mi extrañeza- y ahora eres la elegida para portar la joya -dijo señalando la piedra- de ahora en adelante cargaras con mi misión.
-¿Y por que yo?- le pregunte desesperada levantándome del suelo, ni siquiera pensé en lo que decía- ¿le fueras dado el Khalid a otro si fuese pasado por allí antes que yo?
No me contesto, se acerco a la ventana, retiro las cortinas y miro. No se cuanto tiempo se quedo allí, mirando como poco a poco las luces del alba iluminaban mi pequeña habitación. Estaba segura de que ya no contestaría mi pregunta cuando hablo.
-Nada ocurre por casualidad-dijo suspirando mientras su mirada se perdía en el horizonte- según nuestras creencias todo tiene un porque. Mis maestros me enseñaron a creer en un ser, algo que no esta al alcance de nuestra razón, pero que siempre determina el futuro…Quizás debería comenzar por el principio –volvió su cabeza hacia mi sonriendo, y pareció como si se hubiese despertado de una antigua pesadilla- Hace bastante tiempo en el Antiguo Egipto se creo una serie de instituciones llamadas las escuelas de misterio, estas supuestas escuelas estudiaban el poder de separar mente y cuerpo, para así alcanzar la inmortalidad. En una de las expediciones encontraron una extraña corona, quien la poseyera tenia el poder de esquivar a la muerte. Pero el descubrimiento no solo consistió en ello, al utilizar la corona unos extraños seres empezaron a surgir por todo el mundo, unos seres al los que llamaron apisidios, estos buscaron por encima de todo la corona y comenzó así una guerra entre estas criaturas y los miembros de mi orden que, hasta entonces no habían sido mas que eruditos y sabios. La guerra no duro demasiado ellos nos superaban en numero y estaban acostumbrados a combatir. Por eso en un intento desesperado en el ultimo año de la orden el maestro obligo a los artesanos a romper la corona y repartirla en forma de amuletos entre los miembros mas importantes de la orden. Pero aun con el poder de la corona en forma de Khalid, nuestros miembros no estaban lo suficientemente cualificados para vencer a los apisidios, así que huimos a las tierras del norte, fue entonces cuando aparecieron los Eneas. Ellos fueron los que vencieron y expulsaron a los apisidios de sus tierras y pactando con algunos de nuestros miembros que aun viven entre ellos.
- Pero si los colgantes tenían el poder de hacerlos inmortales ¿como podíais perder?
- Al dividirlo, el poder de los amuletos nos daba la suficiente fuerza como para separa el cuerpo del espíritu, y mantenernos en esa posición durante todo un año, pero no tanto como para poder hacer revivir nuestro cuerpo, ni recuperar heridas físicas.
-¿así que es eso lo que ha ocurrido contigo?- pregunte con mas curiosidad de lo que me habría gustado- ¿como lo hiciste?
-si, nada mas darte el colgante, conseguí separarme de mi cuerpo, fue bastante difícil pero lo conseguí gracias a que no te alejaste demasiado.- me contemplo evaluando si seria capaz de asimilar lo que estaba a punto de explicar- No era la primera vez que me separaba de mi cuerpo, es una sensación extraña y muy complicada de describir si no lo has hecho nunca.
-¿podría hacerlo ahora?- pregunte con inseguridad, entonces me miro enfadada, como si hubiese dicho algo que no debiera.
- No, -dijo con pánico
- ¿no lo conseguiría?-pregunte con inocencia
-no, no es eso, es mucho mas complicado- se froto la frente mientras pensaba la manera mas clara para describirme el proceso- imaginate tu alma como arena encerrada en un jarrón, al arrojarlo al suelo este se romperá en pedazos y la arena quedara libre, pero al reconstruirlo, a este jarrón le quedaran rendijas, cortes, arañazos, parte de la arena se perdería durante el proceso.
Me miro con curiosidad. Intente no parecer sorprendida, y la mire.
- ¿El amuleto tiene alguna otra función?
- si- respondió rápidamente y esta vez su mirada se detuvo en el colgante- se supone que puede hacerme desaparecer de vista cuando desee, es decir ser invisible, pero parece que por algún motivo no funciono aquella noche, aunque eso no fue culpa del amuleto, ya que también viste a un apisidio. Solo los Eneas pueden vernos aunque nosotros no queramos.-dijo mas para si que para que yo lo escuchara.
¿quiénes son los Eneas?- inquirí, desconcertada frente a esta palabra que la otra ya había mencionado en una ocasión-
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